A lo que me preparó el Gati

Aunque tengo varios sobrinos y de vez en cuando les he cuidado, no tiene nada que ver con ser papá… Ya que estás un rato con el/ella y más o menos te da igual lo que hagan mientras no sea peligroso, pero claro un nene en TU casa puede ser como un terremoto 😉 , en esto nos ayudó el Gati que llegó antes que el 🙂 (bueno más o menos, nos enteramos que estaba en la tripita de Mami un día después de adoptar al gati 🙂 ).

El nos enseño que le puedes llenar la casa de juguetes, de cosas para que se afile las uñas…

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Y al final utilizará cualquier juguete y objetos (que no pensabas) para sus uñas 😦 , y encima no te hace ni pizca de gracia.

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La caseta de la primera foto se la hice con todo el cariño del mundo, y realmente meterse dentro poco… Alguna vez entra y sale. Cuando el nene era más pequeño se subía arriba para estar tranquilo ya que no llegaba 😉 . Al Peque le he hecho cosas que luego no hace casi caso como el patito feo, pero también hay cosas que le han encantado y es su torre de aprendizaje 😀 .

Otra cosa que nos enseño el felino, es si quieres que no rompa algo, no lo dejes a su alcance (y eso que el Gati  a roto poco) que en el caso de un gato es ponerlo muuuy alto porque llegan a casi todos los sitios 😉 (encima de la mampara del baño, en la barra de colgar los abrigos dentro de un armario, etc.). Cada vez que vamos a casa de alguien, lo primero que hago es como en las series de detectives… Observo todo y lo que veo que es demasiado llamativo para mi Peque (un objeto típico son los móviles) y está a su alcance, me dedico a ponerlos en alturas más altas que lo que suelen poner los habitantes de la casa 😛 .

Pero hay otras cosas que el Gati no nos preparó, eso ya nos lo ha enseñado el Peque… Por ejemplo cuando vas a los sitios y ponen algo para “picar” en la típica mesa baja que está junto al sofa y se pretende que un niño no lo coja XD , cuando un niñ@ ve comida (sobre todo si hay patatas fritas, gusanitos o similar) lo va a tocar seguro y si no tienes cuidado puede terminar en el suelo todo lo que está en esa mesa.

Alguna vez ha venido gente a casa y los niños los sentamos en las sillas… Con una consecuencia… Mancha que hay que limpiar corriendo!!! Y el disgusto de la mamá y el papá por lo ocurrido (todavía no he tenido el caso de que no les preocupe a sus progenitores), como digo siempre culpa nuestra por sentarl@s en esas sillas… Son niños y puede que ocurra ese “accidente” 😉 , si les sentamos en otras sillas que no tengan tela no se llevaría nadie un disgusto.

Volviendo al estado de nuestra mesa del salón, al final nuestro Gati lo único que hace es marcar su territorio, y empezó sobre todo cuando Mami estuvo tres días fuera de casa y yo iba a limpiar el arenero y llenar el comedero de pienso estaba un poco más duchándome y enseguida me iba… Y cuando vuelve Mami a casa ya no somos dos, hemos traído una cosa pequeñita que no para de llorar… Menudo susto se llevó el pobre 😦 justo cuando empezaba a adaptarse a su hogar… Aparece un nuevo miembro. Un poco de pelusilla si tuvo, pero creo que más por miedo a lo desconocido y a una cosa que se movía y no dejábamos que se acercase mucho… Ahora no puede estar el uno sin el otro, como ya te conté en los que se pelean se desean.

Si algún día el Peque tiene un hermanito pequeño, por lo menos nos hacemos una idea de que puede pasar…

 

 

… Pero eso será una nueva aventura 😉

 

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10 thoughts on “A lo que me preparó el Gati

  1. Menos mal de Gati, ¡que si no os pilla completamente desprevenidos! Yo con mis dos perros ya me he acostumbrado a las trastadas inesperadas, y creo que es un buen training para desarrollar la paciencia 😛

    Por cierto, que gran idea lo de la torre de aprendizaje, ¡esa me la apunto!

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  2. Nuestro gato nos recuerda a diario que no podemos estar comida a la vista… Y ahora en Navidad, el salón cerrado si no estamos allí, se come el árbol.
    Con la peque se lleva ahora algo mejor que antes, seguramente porque ella controla más su emoción al verlo. Con los mellizos de momento se mantiene expectante, aunque ellos ya intentan tocarlo

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  3. Es perfectamente asumible lo de Gati.
    Cuando mi hijo nació teníamos un perro en casa. En el jardín. Una perra doberman, más concretamente. Yo al principio temía cualquier indicio violento que ella pudiera causarle – por aquello de ser un perro peligroso-. Imagínate la inquietud. Pero francamente, el peligroso era mi hijo que no ha dejado de subirse encima, de estirarle de las orejas o de dormir con ella sobre el cesped. Una bella estampa que hoy es un recuerdo porque murió hace 4 años.

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